Gracias, 15M
El hombre se derrumba.
Con este titular, demagógico para algunos, cierto para otros, rimbombante para los de más allá, quiero comenzar mi alegato. El hombre se derrumba y lo peor es que no hay mucho que hacer desde la individualidad. No lo hay porque todo es vertiginoso, rápido, fugaz; lo bastante como para no poder reflexionarlo, como para no poder prepararse. Ser mejores personas y más coherentes no pone freno a los abusos del resto, a la falta de conciencia, a la penosa y triste falta de perspectiva. La velocidad del declive es exponencialmente superior a la de la toma de consciencia; se trata del paso implacable y decadente de una especie que ha olvidado, o que nunca supo, algo tan sencillo, tan inalcanzable, como bienvivir.
Ante mis ojos desfilan todo tipo de perversiones que me cuesta un mundo (y nunca mejor dicho) digerir. La banca [que apalanca], las religiones [que abanderan], el hombre [perdido] que se limita, sin más remedio, a seguir linealmente pasos impuestos. Nos dicen y hacemos, nos cuentan y creemos. Nos han enseñado a no pensar creyendo que pensamos. La locura del necio, la objetividad ficticia: millones de sombras que se levantan, trabajan, comen, trabajan, cenan, duermen, llega el fin de semana, buen viernes, qué pena que es lunes ya, vuelta al trabajo, con suerte algo cambia. Con suerte algo cambia. Con suerte.
A mi humilde entender, o al menos, a mi entender como individuo que se planteaba estúpida y pretenciosamente en silencio si los demás pensaban lo mismo, el Movimiento 15M, como mínimo y como poco, nos ha demostrado que hay otros que piensan también. Con eso me basta. Me basta. Tanto, que me apunto a sentirlo, a levantar las manos silenciosas en una plaza de mi ciudad, me apunto incluso desde antes a llevar mis pasos como cientos por calles repletas de nadies.
Hay vida ahí fuera.
Hay una resistencia.
Resulta que no existe tanta levedad.
¿Futil? Tal vez.
¿Leve? Igual sí.
¿Con pocas perspectivas de triunfo? Cabría preguntarse, ¿dónde está el triunfo? ¿En qué consiste?
Qué pocas miras, eso de quedarse en el triunfo. Una palabra que vuelve, casi sin querer, casi de refilón, a envolvernos en la idea que nos ha traído narcóticamente a través de la historia al punto donde nos hayamos hoy. No existe un triunfo claro; cada uno tendrá el suyo, desde el mismo momento en que viva como quiera, y no como pueda. Desde el momento en que tenga una vida y no posea una, o la vida no le posea a él, no nos posea a todos. Yo no me siento diferente, también pertenezco a cosas, que me conducen y me condicionan. También soy sombra que se levanta, come, trabaja, duerme. Pero quiero y necesito pensar. Y tengo derecho, sobre todas las cosas, a que nadie me obligue a equivocarme. Mi error es de mi propiedad exclusiva, es el pago de mi aprendizaje, es la puerta que puede abrirse de repente. Pero es mío, lo reivindico y lo quiero entero, solo para mí, me pertenece.
Por tanto, ocasionales, puntuales, anónimos, militantes del 15M:
Gracias por expresaros, por decir, cuando sea, lo que sea que digáis. Yo también lo he pensado.
Gracias, además, más que por luchar, por abrir puertas para los que nunca han cruzado umbrales, por lanzar mensajes al aire, por el intento y la rabia del que se siente engañado.
Y por último, gracias por recordar que la vida es otra cosa, es otro paseo, la palabra que rompe esquemas, el error que nos hace, aunque sea por un instante, libres.
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